Mugak Bienal 2023
Texto y planos: Halo arkitektura
Diseño: What The Studio
En la búsqueda de avances y soluciones ante crisis emergentes, urge repensar cómo habitamos el mundo. Entendemos el habitar doméstico como la unidad mínima que configura nuestra manera de habitar y cuidar el entorno natural y humano. Por ello proponemos esta guía para, juntas, repensar lo doméstico y así poder rehabitar el mundo.
En tiempos convulsos de crisis ecológica, social, sanitaria y económica urge repensar cómo habitamos el mundo. Entendiendo habitar en los términos que lo definía Heidegger en 1951, como rasgo propio del ser vinculado con “residir en la tierra” y “pertenecer a la comunidad” de los seres humanos.
Habitar el mundo, habitar el paisaje, habitar la ciudad… habitar es una postura socio-cultural. Y como tal, está compuesta por la suma de las posturas individuales. Y es que según el filósofo alemán la gente da sentido a su vida, en primer lugar, mediante la ocupación de su entorno y las respuestas emocionales a él.
Pero ¿dónde se construye el habitar individual que compone la manera en que habitamos el mundo? Zaida Muxí nos da una pista cuando hablando de lo doméstico dice que “la vivienda es el lugar de la primera socialización, el lugar donde se desarrollan las primeras relaciones (también entre géneros) y que el espacio (de la vivienda) influye en el desarrollo de las relaciones y de las personas que lo habitan”.
Lo doméstico se define como aquello que tiene relación con el hogar. Hogar significa el lugar donde se hace la lumbre para cocinar; alrededor del que se crea la vivienda original y se da, por lo tanto, la primera relación con el medio. Hogar también significa grupo de personas que viven juntas; siendo este el primer entorno humano, la comunidad más próxima. Habitar lo doméstico es, en consecuencia, habitar el hogar, habitar la vivienda propia.
En tanto que en el habitar doméstico se dan las primeras relaciones con el medio y con la comunidad, configura las siguientes maneras de habitar: el paisaje, la ciudad o el mundo. Entendemos, por tanto, que de parecida manera que el lenguaje define el pensamiento, el habitar de lo doméstico define la forma de habitar, también el mundo, de las personas. Concluimos entonces que habitar la vivienda es el habitar mínimo.
Este habitar doméstico que compone el habitar mínimo se da dentro de los límites espaciales y organizativos del hogar, por lo que no afecta a terceros. De este modo, en la medida que no afecta a terceros, es o debería ser un ámbito de libertad. Y en tanto que ámbito de libertad es un espacio adecuado para el cambio desde la reflexión y postura particular. Por eso proponemos repensar lo doméstico, para, habilitando el cambio, rehabitar el mundo.
Definido el habitar mínimo, es importante señalar que se pretende aislar este de factores no inherentes al mismo. Aun a riesgo de excluir la rica y necesaria variedad de casos, entendemos que esta simplificación en el concepto facilita la deconstrucción que tenemos por objetivo.
Para ello la distribución interior será nuestra herramienta. Adoptamos el continente más repetido como base del análisis: una vivienda aparentemente urbana que se desarrolla en un piso que comparten varios habitantes con algún tipo de vinculación de cuidados entre sí.
Desde la arquitectura, por ejemplo, casi siempre que se reflexiona sobre lo doméstico se analizan factores que sobrepasan el habitar mínimo. La flexibilidad, la adaptabilidad, la calidad espacial, la cultura simbólica-material y la relación con el exterior son elementos clave para una buena arquitectura doméstica, pero no son intrínsecos a ese habitar mínimo, no definen las relaciones básicas del yo con el entorno ni las de esa primera comunidad que compone la unidad convivencial.
Sentadas las bases, antes de intentar repensar para rehabitar lo doméstico, analicemos la situación actual de las viviendas que construimos y habitamos, las fuerzas que las definen.
Para esta primera reflexión, exponemos a continuación promociones de nuevas viviendas en venta localizadas a lo largo y ancho del mundo. Compararemos sus distribuciones interiores. Para que la muestra adquiera sentido, se seleccionan ofertas al azar de pisos de dos habitaciones, en entornos urbanos de entidad; desechando las viviendas ofertadas en áticos, dúplex o promociones que se pudieran entender como de lujo. Chicago, Casablanca, Acra, Pekin… todas tienen orígenes culturales distintivos y las separan miles de kilómetros.
¿Reconoces tu vivienda en alguna de estas distribuciones? ¿Se parecen estas viviendas entre sí?¿Cuál de ellas crees que es la más diferente al resto? ¿Qué rasgos culturales detectas?
La inercia
No se necesita un análisis en profundidad para entender que las viviendas ofertadas en todo el globo son prácticamente la misma. Únicamente pequeños matices relacionados con la higiene difieren entre viviendas ubicadas a miles de kilómetros, en diferentes culturas y antagónicos climas. Solo en la vivienda de Japón parecen perdurar ciertos rasgos distintivos.
En todas ellas nos encontramos con el mismo programa, siendo las relaciones y jerarquías entre los espacios prácticamente las mismas. No parece muy arriesgado asegurar que la globalización ha difuminado los localismos, homogeneizando la oferta de la vivienda. Siendo así, todas parecen estar enfocadas a una forma de habitar muy similar.
Marx nos describió el capitalismo como un modelo de producción. Después Webber lo analizó como un modo de vida. Uniendo las reflexiones de ambos autores, entendemos que el capitalismo como sistema de producción necesita una manera de vivir concreta; que lo posibilite primero, que lo haga perdurable en el tiempo después. Ese modelo de habitar el mundo está determinado por los valores neoliberales que dirigen las conductas hacia el consumo y controlan los deseos volcándolos en el individuo.
Las viviendas, debido a sus establecidos sistemas de producción, por norma se venden como un producto concluido poco personalizable. Especialmente por esto, por ofrecerse como producto concluido, tienen una conexión directa con la realidad política y económica que las construye. Constituyen, de alguna manera y por medios diferentes, un fiel reflejo de la idiosincrasia del sistema que las produce. Siendo así, y dada la globalización total del sistema económico acaecida con la caída del muro de Berlín, todas las viviendas ofertadas reflejan los valores neoliberales que rigen el mercado global.
¿En cuál de estas viviendas habitas? ¿A cuál se parece la vivienda en que creciste? ¿Promueven los mismos valores unas y otras viviendas? ¿En qué vivienda eres capaz de imaginarte?
Lo habitual
Una vez entendidos los mecanismos que determinan las viviendas que compramos y habitamos, intentemos reconocer qué valores subyacen en el habitar doméstico que promueven.
Proponemos utilizar para ello un método por comparación. Adjuntamos una distribución estándar de una promoción localizada en una capital vasca. Junto a esta, adjuntamos también otros planos de la misma vivienda que incluyen pequeñas modificaciones. Estas variaciones no son disruptivas; parecen, en general, asumibles. Tratan de representar otros caminos cercanos al camino tomado que, precisamente por ser alternativas descartadas, nos permiten analizar las características de la vivienda que, en mayor medida, se ofrece en el mercado.
Ninguna distribución es neutra. Tampoco esta que nos resulta tan reconocible, tan habitual. Comparémosla con las siguientes discretas variaciones reflexionando sobre las preguntas planteadas, sobre las modificaciones en la forma de habitar que conllevan.
Puede resultar conocido, incluso atractivo. Se unen la cocina y la sala, se amplía el espacio para cocinar y su relación con el espacio de estar. ¿Qué uso adquiere más importancia? ¿Por qué apetece más cocinar aquí?
Reconocible pero obsoleta, parece un paso atrás en el tiempo. Se accede a los dos baños desde el pasillo y presenta una habitación doble. ¿Cuándo y por qué dejó de ser esto habitual? ¿Cambia esto la idea de intimidad?
El pasillo se convierte en un nuevo espacio. Se ordena una zona que recoge el ciclo de la colada y el armario de las habitaciones. ¿Qué aporta visibilizar el lavado de la ropa? ¿Cada habitación tiene que tener su armario?
Si nos imaginamos viviendo en los diferentes ejemplos se hace evidente que cualquier pequeña modificación sobre una distribución modifica la manera de habitar la vivienda. Y modificado el habitar doméstico, se sustituyen los valores que este promueve. Estudiada la comparación, disfrutada la reflexión, exponemos nuestras conclusiones.
El funcionalismo estructura la vivienda tipo en una zona privada y otra pública. La mitad de la casa es del yo y la otra mitad del nosotros. Casi siempre separadas por una puerta. Se ahorran tiempo y molestias evitando interferencias. No se toma una decisión sin primar lo funcional, que el diccionario define como útil pero cómodo y fácil.
Se cumple y repite un programa de usos establecido hace varias décadas, en el que el ocio vinculado al binomio televisión-sofá ocupa el mejor espacio de la vivienda, amplio y central. Se esconden los usos vinculados al cuidado (eje de la mayoría de los vínculos intradomésticos) jerarquizando, por lo tanto, los usos y las actividades.
El espacio es homogéneo en cuanto a cualidades sensoriales, altamente tecnificado y climatizado, con los dormitorios en las zonas iluminadas y los baños en las zonas oscuras.
Los trabajos de cuidados se independizan en cuartos de dimensiones mínimas que exige la funcionalidad individual. No están preparados para ser compartidos ni vinculados con el resto de usos de la vivienda.
Se limitan los espacios compartidos. Se normalizan los baños en suite jerarquizando de ese modo a los habitantes de la vivienda. Los dormitorios son concebidos como habitaciones completas de uso independiente; cada uno tiene su cama, su escritorio y su armario en propiedad.
La intimidad se concibe desde el pudor de la familia tradicional. El mencionado baño en suite también define la compatibilidad de los cuerpos de los habitantes. Sin embargo, si se piensa bien, el área de descanso individual no es un derecho de todos los habitantes.
La vivienda tipo que ofrece el mercado está definida por los valores propios del sistema que la construye; primando lo privado, disminuyendo lo común, invisibilizando los cuidados y jerarquizando a los habitantes.
Entendemos estos rasgos como la expresión de los valores de la machine à habiter capitalista actual, aunque no sean su única ni su última expresión posible en el habitar doméstico que intentamos repensar. Pero, ¿se corresponden estas características con nuestra forma de pensar? ¿Promueven una manera de habitar el mundo que entendemos adecuada para superar la crisis ecológica y social actual? Frente a una crisis de estas características no parece que la eliminación de las alternativas, la inmovilidad de los patrones y la perpetuación de los valores dominantes pueda ser el camino a la solución disruptiva necesaria.
Lo posible
Finalmente, para rehabitar en base a nuestras decisiones y valores necesitamos que emerjan respuestas creativas, audaces y disruptivas que permitan abrir un abanico de alternativas a la línea de pensamiento global.
Planteamos mediante un juego el comienzo de este trabajo colectivo de búsqueda y difusión. Proponemos desgranar el habitar doméstico, reflexionar sobre estos elementos básicos y exponer alternativas de viviendas que cuestionen características consideradas irrefutables.
Descomponemos el habitar doméstico, entendido como ese habitar mínimo que configura nuestra manera de habitar y cuidar el entorno natural y humano, en 6 elementos. Los 3 primeros hablan de la relación del individuo con el espacio que habita, el tiempo que habita y la reacción del cuerpo al entorno. Los otros 3 conceptos están vinculados con la primera comunidad que conforman los habitantes de la vivienda. Serían la organización del tiempo y el espacio en común, y la independencia del individuo y su cuerpo dentro de la comunidad.
Explicamos a continuación estos elementos, vinculándolos con alguna característica determinante del habitar, para promover debate y reflexión mediante preguntas que intentan indagar y ponerlos en cuestión. En alguno de los casos incorporamos nuevas distribuciones interiores sobre la envolvente anteriormente utilizada. Estas distribuciones están basadas en trabajos de otros estudios de arquitectura que proponen soluciones disruptivas, valiéndonos así de la hipérbole para que la alternativa y la reflexión sean más elocuentes. En otros casos esperamos que vosotras aportéis, por medio de Instagram, alternativas creativas y disruptivas que hayáis conocido o ideado.
ESPACIO – PROGRAMA
El espacio se habita en relación a los usos y actividades que se pueden desarrollar en él, definidos en mayor o menor medida por el programa de la vivienda. Un programa que apenas ha variado en los últimos 60 años. Pero ni antes era el mismo, ni seguirá siéndolo por mucho tiempo. Los espacios exteriores y los destinados al teletrabajo se hacen hueco irremediablemente. La propia sala de estar como espacio para el ocio dominado por el binomio sofá-TV está en duda con la multipantalla.
El espacio definido posibilita usos; pero la posición, relación y tamaño de los mismos puede priorizar unos respecto a otros. ¿Queremos promover unos usos sobre otros? ¿Qué consecuencias tiene invisibilizarlos?
CUERPO – CONFORT
El cuerpo habita lo doméstico en búsqueda del confort. Este avanza de la mano de la tecnología bajo el amparo del positivismo. Pero, a su vez, lo confortable se define y renueva desde una perspectiva política constantemente; por ejemplo, hoy se establece que 20ºC es el confort.
Dada la crisis climática resulta indispensable repensar este concepto. ¿Nos podemos predisponer y educar para renunciar a parte del confort alcanzable? ¿Qué mecanismos se pueden implementar en las viviendas?
TIEMPO – FUNCIONALIDAD
El tiempo del habitar está hoy estrechamente relacionado con la eficiencia. La funcionalidad conjuga lo útil con lo fácil, entendido siempre como ahorro de tiempo. En la vivienda es difícil imaginar tomar una decisión en que la funcionalidad no sea la perspectiva más valorada o una condición sine qua non.
Es probablemente el concepto más arraigado y difícil de deconstruir. ¿Puedes reconocer una decisión consciente poco funcional en una distribución interior? ¿Buscamos el ahorro de tiempo en todos los usos de la vivienda por igual?
EL ESPACIO COMÚN – LA PROPIEDAD
La distribución interior señala, materializa y condiciona el límite de lo común y lo privado. Lo comunitario acarrea conflicto, que hoy se evita por poco funcional: incómodo y difícil. Pero el conflicto, sin duda, es práctica para la decisiones y vida en sociedad.
Una habitación propia fue una pelea de Virginia Wolf, pero esa habitación parece haberse convertido en un mundo propio, completo y cerrado. ¿Cómo podría la vivienda dominante del mercado actual ser más individualista? ¿Cuál es la propiedad mínima que necesitamos en nuestra vivienda? ¿Mi habitación? ¿Mi armario? ¿Mi ropa? ¿Mi cama?
EL TIEMPO COMÚN – LOS CUIDADOS
Lo habitual es que exista un vínculo de cuidados entre los habitantes de una vivienda. Lo eficiente en cuanto a energía y tiempo parece compartir las tareas domésticas. La organización de los cuidados debería ser libre y conscientemente decidida por la comunidad, obviando costumbres y herencias que nada hacen por la igualdad. Los cuidados tienden a aislarse, a menospreciarse. Últimamente la tendencia revierte en las cocinas, y se vinculan a espacios multifuncionales con relación al resto de actividades y habitantes.
El espacio doméstico limita, posibilita o promueve el vínculo de los cuidados. ¿Cómo condicionan los espacios específicos, cerrados y estrechos las tareas domésticas? ¿Qué usos ocupan el centro en lo doméstico? ¿Siempre ha sido así?
EL CUERPO EN COMÚN – LA INTIMIDAD
Hoy se ensalza la necesidad de promover la identidad y el cuerpo individual dentro de una comunidad. Pero corresponde analizar cuándo es realmente necesaria y en que ámbitos excluyente o intimidante, porque no hay que olvidar la importancia de visibilizar y poner en valor las diferencias para la construcción de la identidad. Un exceso de intimidad puede esconder las diferencias.
Un desigual acceso a la intimidad crea evidentes jerarquías de cuerpos e identidades. ¿Define la distribución interior qué cuerpos comparten baño y cuán visibles son? ¿Cuándo necesitamos espacios de identidad/soledad? ¿Para dormir? ¿Para desconectar? ¿Existen espacios específicos para la soledad?
Juntas hemos iniciado una reflexión sobre el habitar mínimo. Estamos repensando lo doméstico, potenciando una cultura crítica con contranarrativas a la inercia dominante, con el firme propósito de rehabitar y poner de manifiesto nuevas alternativas. Un habitar doméstico crítico y libre, para así, poder rehabitar el mundo.
Bibliografía
MONTANER, Josep Maria + MUXÍ, Zaida.: “Arquitectura y Política. Ensayos para mundos alternativos”, Editorial Gustavo Gili, 2011.
MONTANER, Josep Maria + MUXÍ, Zaida.: “Política y Arquitectura. Por un urbanismo de lo común y ecofeminista”, Editorial Gustavo Gili, 2020.
MUXÍ, Zaida.: “La arquitectura de la ciudad global”, Editorial Gustavo Gili, 2004.
MUXÍ, Zaida.: “Mujeres, casas y ciudades; Más allá del umbral”, Editorial dpr-barcelona, 2018.
ÁBALOS, Iñaki.: “La buena vida”, Editorial Gustavo Gili, 2000.
SHARR, Adam.: “Heidegger sobre la arquitectura”, Editorial Reverté, 2022.
RYBCZYNSKI, Witold.: “La casa. Historia de una idea”, Editorial Nerea, 1989.
MONTENYS, Xavier + FUERTES, Pere.: “La casa collage”, Editorial Gustavo Gili, 2001.
MONTENYS, Xavier.: “La habitación; Más allá de la sala de estar”, Editorial Gustavo Gili, 2014
ANDER-EGG, Ezequiel.: “El proceso de la globalización en lo cultural”, Convivir, aprender y enseñar en el aula, 2007.
La adaptación de las propuestas disruptivas en plano se han basado en las siguientes obras:
* ARQUITECTURA G.: “Apartamento en calle París”, Barcelona.
* TAKK GROUP.: “The day after house”, Madrid + “Casa 10K”, Barcelona.